martes, 4 de septiembre de 2007

Va preñada de tiempo sesteado,
La triste historia que hoy cuento,
Fruto del olvido de vivir prestado
Consecuencia de algo que no encuentro.
El arrullo del pensamiento que inventé
es la copia original que esperaré
como sol de otoño que da luz sin calentar
así es mi voz que grita por no callar
desparrama fluidos del corazón para dispersar la desidia
alergatando el veneno que la vida me quita.


Me arruiné como yo quise, disfruté como lo hice
ahora que vendo pianos y del chofer uniformado
ya, amargamente, me desprendí sin haberme despertado
sólo me queda un perro enfermo que desprende picardía
y un vecino viejo amargado que me escupe los buenos días.
La ropa socarrada que a mi piel está aferrada
antes de tela fina, hoy de temblorosa morfina,
me refleja ante el espejo un espectro feo y viejo
haciendo zapatos de pana y camisas de mis canas.


Dejé pasar el aliento del lamento dopado por la gasolina.
Me arrastró la vida maltratada, abandonándome en la esquina,
con las muñecas bien juntas me encarrila los cuarenta,
ultrajado por la nada que me expolió la cartera;
olvidado en la cuneta y habiéndome dado cuenta
con cara de pasmado desmigando lo pasado.


Pasó el tren desolado por la envidia,
de lujosa vista a dorado marchito
dejando enjaulado un olor desgastado
donde habita la dignidad que aun nos queda
sin tener ya tiempo de terminar mi esquela.

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